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Sam McCuish (Reino Unido)
Capítulo Cinco: Estamos esperando un
bebé
Las dos semanas siguientes fueron largas. Estábamos los dos
entusiasmados y ansiosos y tratábamos de mantenernos muy positivos.
Nuestra clínica ofrece la posibilidad de ecografía guiada durante
la transferencia de embriones y esto nos permitió ver cómo volvían
a colocar los embriones en mi vientre. Inmediatamente sentí apego
por esta pequeña parte de nosotros. Sé que esto no es una
experiencia con la que se sienten cómodas todas las mujeres que
pasan por un tratamiento de infertilidad de esta naturaleza, ya que
si el desenlace es negativo, les puede resultar aún más difícil
hacerse a la idea. Sin embargo, yo rescaté lo positivo y
sinceramente pienso que me ayudó a tener una posición más positiva.
Hablamos del embarazo, de bebés, de lo que significarían, de cómo
cambiarían nuestras vidas, e inclusive llegamos a hablar de nombres
de bebés. Creíamos que seríamos padres algún día, y si no era esta
vez, eventualmente sería alguna vez.
Hablamos de hacer una prueba de embarazo antes de volver a
la clínica el día del resultado, y acordamos (dejando de lado
todas las supersticiones) que preferíamos estar preparados para
cualquier tipo de noticias, particularmente en el caso que fueran
malas.
El día de comunicación del resultado era el 8 de agosto. El día
anterior yo estaba paseando y súbitamente tuvo una oleada de
náuseas. De todos modos mi intención era comprar un test y volví a
casa y decidí hacerlo. Me sentí culpable de que mi marido no
estuviera en casa, ¡especialmente cuando salió POSITIVO! No me pude
contener. Lo tuve que llamar y decirle que estábamos esperando un
bebé. Estábamos los dos tan contentos que no lo podíamos creer. Me
hice cinco tests de embarazo en total, simplemente para estar
seguros. Todo el personal de nuestra clínica estaba fascinado por
nosotros y nunca les podremos agradecer lo suficiente.
Tuve algo de sangrado al principio, hacia la sexta semana,
acompañado de dolor. Me sentí desesperada, y pensamos que habíamos
perdido el bebé. Me hicieron una ecografía (como se acostumbra en
la FIV) a las siete semanas y la imagen mostró dos sacos
embrionarios, lo que probablemente explicó las náuseas. Uno era
levemente más pequeño que el otro y no estaban muy seguros de que
seguiría adelante. Nos derivaron al especialista de mellizos en
nuestra clínica y me recomendaron que descansara mucho. A las nueve
semanas, tenía más malestar abdominal y me ingresaron a la unidad
de principio de embarazo. La ecografía mostraba un bebé sano en
desarrollo y los restos del otro saco. Nos sentimos un poco
tristes, y algunas veces me pregunto efectivamente cómo hubiera
sido ese bebé. Pero la noticia no era inesperada y estábamos
maravillados de ver a nuestro bebé saludándonos con su mano desde
la ecografía – iba a ser un bebé activo.
Después de un embarazo complicado, desde los mareos hasta la
disfunción de la sínfisis pubiana, dimos a luz una niña sana y
hermosa en abril de 2002. Es lo más precioso en el mundo para
nosotros, y estamos enormemente agradecidos por cada día que
pasamos con ella.
Hace poco tuvimos un intento infructuoso deFIV con ICSI, en julio
de este año y ahora estamos esperando el resultado de otro ciclo.
Nuestro segundo ciclo fue muy diferente y mucho más difícil
emocional y físicamente que antes. Creo que ningún ciclo de
tratamiento será igual a otro. En una nota positiva, mi familia
ahora siempre está al tanto de lo que está pasando porque me siento
más cómoda hablándolo, y han sido un apoyo mucho mayor,
particularmente mi madre y mi hermano.
Estamos desesperados por tener otro bebé y un hermano o una hermana
para nuestra hija, pero si no ha de ser, ella va a ser mucho, mucho
más de lo que habíamos soñado, y por eso la adoramos.
(Sam le recomienda visitar el sitio de la Cuna - the Cradle
(Escocia) en www.assistedconception.org/cradle)
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