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Anna & Pete (Australia)
Capítulo Dos: ¿Y si nunca llegamos a
tener hijos?
“Toma, vete a mi especialista en FIV. A mí me resultó maravilloso”.
Eso es algo que uno nunca oye. Confié en el médico al que me
derivaba mi médico general local. Tuve mi primera cita con el Dr. X
y no conecté para nada. Era excepcionalmente clínico y frío. Yo no
lograba hablarle ni de mi perro, mucho menos podía darle ninguna
información personal. Salí de la consulta decepcionada y deprimida.
Pensé que si todos los especialistas de FIV eran así, yo nunca
tendría hijos.
Encontré otro especialista que era maravilloso, aunque
extremadamente realista, que indicaba que, si bien la FIV puede ser
de ayuda, no funciona en todos los casos. Pensé, “¿Y si con
nosotros no funciona? ¿Qué pasa si nunca tenemos hijos?”. Según
averiguamos, parte del proceso de FIV era ver a un psicólogo.
Comenzó preguntando cómo nos sentíamos. Recuerdo que ella nos
imploraba que nos mantuviéramos realistas y que recordáramos que
aún sin niños la vida puede ser plena. Este era exactamente el
tema: es allí donde dejé de prestar atención. Lo único que podía
pensar mientras que ella hablaba era que ELLA seguramente tenía
hijos. Seguro, ELLA podía ser concluyente, porque ELLA tenía
hijos.
Y mis amigos eran iguales. Llenos de buenos deseos que, a esta
altura, no eran más que promesas vacías. “Anna, no seas tonta, por
supuesto que vas a tener hijos”. Ah sí, ¿Cómo lo sabes? Vosotros
érais los que me aconsejabais ser paciente, y que quedaría
embarazada, y no me quedé, ¿o sí? O sea que, ¿por qué
debería creer en las palabras vacías que nos ofrecían para aliviar
nuestros sentimientos de ser inadecuados? ¿Qué pasa si nunca tengo
hijos?
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