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ADN
El ADN es el mapa o código genético que define
qué es uno y, hasta cierto punto, quién es uno. El ADN está
torneado en espiral como un sacacorchos y contiene las
instrucciones codificadas para construir cada pequeña parte de
nuestro cuerpo.
La sigla “ADN” es una abreviatura para ácido desoxirribonucleico,
una molécula con una estructura extraordinaria. Es un polímero o
una molécula larga creada juntando muchas unidades más pequeñas
repetidas en una serie aparentemente interminable.
La manera más sencilla de visualizar el ADN es imaginar una
larga escalera de mano. Los montantes verticales de la escalera
están formados por moléculas que contienen azúcar, oxígeno, y
fósforo. Cada peldaño de la escalera contiene un par de moléculas
conocidas como bases. Ahora imagine que tuerce la escalera a lo
largo. Al tornearla, los montantes de la escalera en espiral se
redondean, formando una forma característica conocida como la doble
hélice.
Las bases que forman los peldaños de la escalera vienen en cuatro
tipos diferentes de bases, conocidas como citosina (C), adenina
(A), timina (T), y guanina (G).
Una característica clave de las bases es que sólo se permiten dos
pares: C con G, y A con T. Si la mitad izquierda de un peldaño es
una C, la mitad derecha debe ser una G.
Si biencuatro bases podrían parecer poca cosa, puede haber una
variedad ilimitada de mensajes codificados a partir de hebras de
letras al azar.
En realidad, el orden de esas bases dista mucho de ser al azar;
define a uno con precisión. Esa hebra de Cs, As, Ts, y Gs contiene
toda la información necesaria para crear y mantener a una
persona.
El ADN en los tratamientos
hormonales
Hasta principios de los 80, las hormonas de la
infertilidad eran solamente extraídas y purificadas de la orina de
mujeres posmenopáusicas. Si bien muchos miles de parejas usan
hormonas hechas así con éxito, este proceso implica la extracción y
purificación de grandes cantidades de orina de miles de donantes
individuales y es un proceso engorroso que lleva mucho
tiempo.
A principios de los 80, los científicos producían hormonas
exitosamente mediante un proceso que comprendía el ADN, donde los
genes son transferidos de una célula a otra.
Esto significa que una célula podría ser reprogramada para
secretar una proteína en particular, por ejemplo, la hormona de
crecimiento, introduciendo el gen que codifica la hormona de
crecimiento, aunque inicialmente no hubiera sido programada para
hacerlo.
Estas células modificadas – ahora llamadas células
recombinantes – transmiten nuevas características a sus
descendientes. Al ponerla en un cultivo celular, la célula se
multiplica y la colonia de células hijas resultante secreta la
proteína deseada.
Esta nueva técnica abrió las puertas a una serie de aplicaciones en
el campo médico. Se hizo posible entonces producir moléculas mucho
más puras que antes, en cantidades garantizadas, sin tener que
confiar en materia prima como la orina.
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